
¿Quién no ha estado a punto de morir de sed un día cualquiera, pongamos que lunes, volviendo a casa con una incipiente resaca y deseando con todas sus fuerzas que apareciera delante de él una fuente? Seguro que todos vosotros, mis alcohólicos lectores.
Pues bien: en Roma, aparte de flores y cornetti las 24 horas, el agua brota por doquier. Bien fresquita, por cierto.
Incluso, los grifos tienen un agujerillo para tapar con el dedo, y hacer salir el agua hacia arriba, permitiendo la ingesta del deseado líquido sin necesidad de agacharse.
Creo que estoy enamorado.
Sed buenos. Si podéis.
AurelianoBastida
(Foto: una fuente, de las cientos, miles, millones de la ciudad, Roma)





