
En las termas romanas de cuando los romanos montaban en cuádrigas y luchaban con Russell Crowe, unos lugares dedicados al ocio, reservaban una sala para meter (encerrar) a las señoras, damas, señoritas, lolitas y otras adolescentes que se cubrían los pechos con la toalla al salir de las piscinas, o a las que había prácticamente que obligar a que te dieran un beso, o de las que te daban un bofetón si les metías mano: el frigidarium.
Qué gente tan sabia.
Aunque, por otra parte, ¿a quién se le podía ocurrir ir de estrecha en una sauna!
Sed buenos. Si podéis.
AurelianoBastida
(Foto: Frigidarium, complejo de las Termas de Caracalla, Roma)



